Desconexiones territoriales
7, 16 de 2005-07-16 de 2005
Hay momentos y lugares que nos acercan a nosotros mismos y nos dejan tomar la temperatura a nuestro alma. Sin cargas ni aturdimientos externos.
Ahora que pasan sobre nuestra cabeza como flechas tentadoras numerosas ofertas de viajes por todo el globo, uno no puede resistirse a imaginarse dónde le haría feliz estar, en qué lugar se sentiría libre y feliz. Rápidamente, nos encontramos fantaseando con paraísos lejanos y exóticos mientras la taza de café que sosteníamos ha decidido hacer viaje por su cuenta, regando todo lo que ha encontrado a su paso; hecho que nos despierta del letargo y nos devuelve a nuestra realidad del momento.
A pesar de esos destinos "fantasía", existen ciertos lares que, por alguna razón, se vuelven recurrentes en nuestra cabeza. Habéis pensado alguna vez por qué nos enganchan determinados lugares que, objetivamente, no son tan merecedores de nuestra "devoción"?
Probablemente, no se trate tanto de un conjunto arquitectónico único o de unas playas de ensueño, sino de la calidad de la emoción que despierta en nosotros. Cuando un olor, una luz o una sonrisa concreta hacen saltar una tecla que baja, automáticamente, nuestros muros de contención, entonces nos sentimos vivos. Algo ha despertado en nosotros y notamos que nos conecta directamente a ese suelo.
Pueden existir muchas razones y cada uno tiene la suya (haber vivido una experiencia fuerte, estar enamorad@ de un lugareño, etc), pero lo cierto es que los añadidos, lo superficial y lo externo desaparecen dejándonos a nosotros con nuestras emociones. Muy cerca de nuestro alma
No siempre es fácil averiguar qué es lo que nos mueve a volver a un sitio y a querer tocarlo de nuevo, y, lo más seguro, es que eso no sea lo importante. Yo he optado por dejarme llevar y ver qué descubrimientos me deparan mis pasos, sin tratar de ir más allá. Sólo hasta Irlanda. Otra vez.
Feliz verano a todos. Slàinte!
Ahora que pasan sobre nuestra cabeza como flechas tentadoras numerosas ofertas de viajes por todo el globo, uno no puede resistirse a imaginarse dónde le haría feliz estar, en qué lugar se sentiría libre y feliz. Rápidamente, nos encontramos fantaseando con paraísos lejanos y exóticos mientras la taza de café que sosteníamos ha decidido hacer viaje por su cuenta, regando todo lo que ha encontrado a su paso; hecho que nos despierta del letargo y nos devuelve a nuestra realidad del momento.
A pesar de esos destinos "fantasía", existen ciertos lares que, por alguna razón, se vuelven recurrentes en nuestra cabeza. Habéis pensado alguna vez por qué nos enganchan determinados lugares que, objetivamente, no son tan merecedores de nuestra "devoción"?
Probablemente, no se trate tanto de un conjunto arquitectónico único o de unas playas de ensueño, sino de la calidad de la emoción que despierta en nosotros. Cuando un olor, una luz o una sonrisa concreta hacen saltar una tecla que baja, automáticamente, nuestros muros de contención, entonces nos sentimos vivos. Algo ha despertado en nosotros y notamos que nos conecta directamente a ese suelo.
Pueden existir muchas razones y cada uno tiene la suya (haber vivido una experiencia fuerte, estar enamorad@ de un lugareño, etc), pero lo cierto es que los añadidos, lo superficial y lo externo desaparecen dejándonos a nosotros con nuestras emociones. Muy cerca de nuestro alma
No siempre es fácil averiguar qué es lo que nos mueve a volver a un sitio y a querer tocarlo de nuevo, y, lo más seguro, es que eso no sea lo importante. Yo he optado por dejarme llevar y ver qué descubrimientos me deparan mis pasos, sin tratar de ir más allá. Sólo hasta Irlanda. Otra vez.
Feliz verano a todos. Slàinte!
Esto parece un semanal de opinión! Así me gusta, joe, que amorticemos la carrera aunque sea entre nosotr@s!
A 3 días de las vacances, os escribo desde el curro después de que un desafortunado incidente me haya dejado sin interné en casa. Además no me llevo nada bien con los MACs (ni ellos conmigo) y la simple tareilla que tenía para hoy (descargar exactamente 10 fotos) me está llevando un montón de tiempo.
Un beso para todos/as!! (especialmente para la niña que se llama Merilú, y que no sé si habrá vuelto ya de Jordania, la única que no he visto en todos estos meses y a la que tb echo muchísimo de menos) Güeno, que me voy, no vayan a ponerme a trabajar hoy (que no me tocaba!!!) 25 de julio: Día de Galicia y día del Patrón.
Estarse atentos al periódico denominado "Metrosol" que saldrá en Agosto. A ver si me lee alguien y eso contribuye a que me sienta algo útil. (no mucho, un poquito sólo) Pos lo que yo decía, a amortizar la carrera. No si.....
Un beso. Sus quiere, con mucho echamiento de menos, la isas.
Muá y remuá.
Dios m´io, ya un año, asusta y angustia en cierta medida pero tambi´´en es algo reconfortante reencontrarte contigo misma, con la que eres de verdad -que por factores x se pierde perspect- y sentir, aunque ligero, cierto chute de energ´´ia y empuje...
Adelante!